Tras seis días intensos de supervivencia en Hong Kong entre caos organizado, muchedumbre no tan simpática, centros comerciales gigantes para un nivel de consumición elevado, frikismo y presupuesto no apto para bolsillos mochileros cogimos mi esperado vuelo hacia el país que me había robado el corazón desde el momento en que empezó nuestro viaje.

Una noche incómoda en un aeropuerto nada preparado para el viajero (decepción hongkongense), dos vuelos, uno con retraso hasta Puerto Princesa y una van de más de 6 horas con 6 chicas que no se callaron más de diez minutos en todo el trayecto, nos plantamos en nuestro primer destino: El Nido.

 

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Quisimos probar de ir andando por nosotros mismos en búsqueda de nuestro alojamiento, pero pronto nos dimos cuenta que sin luces y quedando un trecho hasta el pueblo lo mejor sería pagar un triciclo, el mismo tipo de vehículo que nos hizo tanta gracia la primera vez que pisamos Filipinas, pero que ahora ya conocíamos de sobra. Encontramos fácilmente nuestro alojamiento  para los próximos días de la mano de una mujer muy  simpática con una hija preciosa.

Esa noche sólo nos quedaba dormir para levantarnos al otro día con una alegría inmensa. Salimos corriendo a la playa, no podía esperar más en ver de nuevo esos bangkas aparcados a primera línea, esos mismos que a muchos les molestan cuando creen que al llegar a El Nido encontrarán una playa paradisíaca y se dan cuenta que sin tour no hay paraíso.

Me pedí mi deseado pancake en nuestro restaurante que teníamos guardado en el rincón de los buenos momentos y lo saboree como nunca. Esta vez no queríamos hacernos con ningún tour porque ya los habíamos echo la primera vez (tour A, tour C) y queríamos guardarnos ese dinerito para otro caprichito todavía no adquirido. Qué podíamos hacer entonces? Las Cabañas? Sí, nos parecía un buen plan repetir así que nos cogimos los trastos justo después de comernos un bocadillo estupendo de tortilla en el local de enfrente y nos fuimos andando hacia allí, aunque unos chicos en la calle nos dijeran que estaba demasiado lejos.

 

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No podíamos haber escogido mejor opción. Salimos hacia la carretera principal, pasamos la estación de autobuses y nos metimos en Corong Corong. Descubrimos una parte todavía más local que la parte trasera de El Nido y nos metimos entre las casitas de nipa saludando a todas las madres, padres e hijos que nos encontrábamos por el camino. De vez en cuando esquivábamos algún que otro cerdo o erro, así llaman ellos a los perros. Fuimos invitados a una cerveza y, aunque nos lo pensamos por un momento, teníamos una misión y parecía que el tiempo amenazaba con lluvia así que seguimos nuestros camino.

La playa se hizo larga y tuvimos que cruzar unas rocas que me avisaban de caída con rascada incluida inminente pero vi como los locales  me observaban esperando ese momento y me aseguré de que se quedaran con las ganas.

 

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Alcé la cabeza con la última roca y allí me la encontré de nuevo. Me cercioré que seguía igual de bonita y que ese bar de doble piso abierto seguía dándole ese aire de buen rollo. Andamos hasta la otra playa, donde la arena gira casi 90 grados. Nos acordábamos de esas fotos que nos echamos con esa islita gigante delante, esa que se puede llegar en tirolina, y queríamos visualizarlo de nuevo pero la marea andaba baja y nos quedamos con las ganas de repetir la postal por ese día. Lo que sí hicimos es aprovechar esas nubes amenazantes para grabar un timelapse y así poder visualizar ese momento centenares de veces más aún estando lejos. La vuelta la hicimos por la carretera, por ello, descubrimos una foto mágica de Las Cabañas y sus islas adyacentes preciosa.

 

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Sólo teníamos una misión pendiente ya con El Nido, la Nacpan Beach. Nos iba de perlas porque hasta el día siguiente no nos movíamos hasta Busuanga, más conocido como Coron. Regateamos una moto justo al lado de la guesthouse y nos zampamos los 18 quilómetros dirección norte con un último tramo offroad total lleno de charcos de barro. La aventura valió totalmente la pena cuando después de pagar la fee de 50 pesos por acceder plasmamos otra increíble postal para nuestras mentes. Alucinante color azul, playa larga y prácticamente para nosotros solos, qué más podíamos pedir? Sí bien una cosa, que no hubieran sandflies! Eso fue lo que me hizo abandonar ese lugar antes de lo esperado, pero no sin antes disfrutar de un inmenso bañito y una escalada por la montaña rocosa provocando inevitablemente un inmenso dolor de pies, pero no pasaba nada, lo que íbamos a encontrar allí iba a ser todavía mejor, podéis juzgar vosotros mismos con la imagen, creo que no hace falta mi descripción, verdad?

 

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Por la tarde, aprovechamos la moto volviendo a Las Cabañas de nuevo, esta vez sí, tuvimos nuestra preciosa postal repetida.

 

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DATOS PRÁCTICOS:

*Van Puerto Princesa – El Nido 450PHP (llegamos a las 5 y media de la tarde y pudimos salir hacia El Nido así que no os preocupéis cuando leáis que si llegáis por la tarde  tenéis que hacer noche en Puerto Princesa porque no necesariamente tiene que ser así).

*Alquiler moto : 400PHP (nos pedían 500PHP al principio. Piden carnet de conducir y se lo quedan, nosotros siempre damos el del que no conduce).

*Alojamiento: MountainSide GH 500PHP (busca más opciones)

*Triciclo nocturno de la estación hasta El Nido 50PHP (si es compartido son 10PHP)

*Estar en El Nido no tiene precio

 

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